Instituto Hebreo

Educacional

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Madante

“Play is the highest stage of the child´s development…the purest, the most spiritual product of man at this stage, and it is at once the prefiguration and imitation of the total human life –of the inner, secret, natural life in a man and in all things. It produces, therefore, joy, freedom, satisfaction, repose within and without, peace with the world.” (Friedrich Froebel, 1826)
Pieter Brueghel. Juego de niños, Austria, 1560.
“Los escenarios para el juego y el ocio se constituyen en las calles, plazas y patios, en donde el mobiliario y cualquier otro objeto se convierten en un espacio de exploración, aventura, disfrute y aprendizaje.” A través de la arquitectura de patios entendemos la espacialidad que debe dirigir la propuesta para un colegio hoy. La obra Juego de niños, de Pieter Brueghel (1525-1569), absolutamente vigente, representa a los niños ocupando una plaza local y jugando, retratando un paisaje lúdico y necesario para la formación, la educación y la integración de la comunidad. Ambientación que pone en relevancia a la plaza como un vacío urbano esencial para la reunión social, el roce y el movimiento. En la actualidad, la representación del pintor belga se puede revivir en el patio de juegos escolar. Al interior de los establecimientos educacionales, un lugar protegido y un lugar donde el niño puede complementar su educación dentro de un espacio al aire libre y propicio para el aprendizaje y el juego. El patio, no solamente se desarrolla para proteger a los niños de los peligros de la calle, que se incrementan a medida que avanza el siglo XX, sino que, su aparición trajo consigo la creación de las primeras áreas de juego, en un intento por mejorar; la salud y el desarrollo cognitivo de los niños. Complementado, luego, como espacios para descansar, jugar, pensar, moverse y para el desarrollo de las habilidades sociales, que cada vez más se relacionan con la versatilidad de los espacios y con la presencia de la naturaleza. Aldo Van Eyck (1918-1999), inspirado en la fotografía de Nigel Henderson, crea una red de espacios infantiles por toda la Ámsterdam de posguerra. La estrategia de Van Eyck consistió en la utilización repetitiva de sencillos elementos que se adecuaban al lugar, generando un nuevo modelo de parques infantiles. Isamu Noguchi (1904-1988), a su vez, trabajó utilizando la topografía como otro elemento de juego, propiciando el desarrollo de la imaginación y autonomía del niño en un ambiente de plena libertad de movimiento. Ambas propuestas formuladas en la utilización del espacio y la materia para la integración y la imaginación del niño.
Niegel Henderson / Isamu Noguchi / Aldo Van Eyck.
El nuevo Instituto Hebreo.
La propuesta plantea desdibujar el límite entre el Instituto Hebreo y el Estadio Israelita, buscando la coexistencia integrada de ambos establecimientos, por medio del manejo de las áreas de esparcimiento y de deporte, aprovechando las diferencias de nivel que existen en el terreno. Esto permite configurar los bordes del colegio para generar anfiteatros, jardines, canchas y filtros de acceso de mayor seguridad, en especial hacia la calle. El planteamiento general busca adherirse al terreno, trabajando desde la horizontalidad para permitir que la naturaleza circundante se desborde hacia el interior del establecimiento para generar una nueva escenografía y mantener las relaciones visuales existentes con los cerros aledaños y más lejanos (cerro Calán y cordón del San Ramón). Entonces, el colegio se proyecta como una secuencia de anillos entrelazados sobre este espacio natural, articulado sobre una grilla que permite la implantación de un sistema de patios y pasillos que se van sucediendo, generando lugares necesarios para el juego y para la convivencia de los niños. Promoviendo fuertemente la integración y el sentido de comunidad en la formación de los estudiantes. Esto permite integrar e incorporar al niño, tanto con la naturaleza como con la comunidad a través de un sistema de tipologías de espacios de encuentro flexibles y versátiles, dentro de un ambiente poroso e interconectado, entregando un variado abanico de espacialidades sugerentes para la curiosidad y la utilización de los estudiantes.
“La ciudad sin el movimiento particular del niño es una paradoja maligna. El niño descubre su identidad contra toda probabilidad, dañado y dañando en continuo peligro e incidentales rayos de luz. Relegado a la periferia de la atención, el niño sobrevive, un quantum emocional e improductivo. Cuando la nieve cubre las ciudades, el niño, se convierte por un instante, en señor de la ciudad. Entonces si el niño, así asistido redescubre la ciudad, la ciudad todavía puede redescubrir a sus niños. Si la niñez es un viaje luminoso, dejemos que el niño no viaje en la oscuridad. Donde hay algún espacio, algo mas permanente que todavía puede proporcionar la nieve como una corrección modesta. Algo, a diferencia de la nieve, que la ciudad puede absorber, y no totalmente diferente a lo incidental, donde el niño se adapta de todos modos a su propia aventura.” (Aldo Van Eyck, 1956.)

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